martes, 13 de septiembre de 2011

George lucas y unas chicas gordas que encuentran el amor.

Me ha dado por leer a una escritora bastante regular de nombre Jennifer Weiner. Pronunciado guainer, no güiner (la mujer es cursi además de no muy buena escritora y se empeña en dejar eso claro cada vez que dice su nombre). Se empeña también en quejarse de que el mundo la considere una escritora menor, que disque porque es mujer y gordita, no la toman en serio. Aunque estoy segura de que esos dos factores no la ayudan, estoy también segura de que el mundo la considera una escritora menor porque lo es. Sobre todo comparada con, digamos, Shakespeare- Escritor, también. Sin embargo ya he leído tres de sus libros porque aunque no me gustan, son algo hipnóticos; y aunque no me interesan sus personajes, me da ansia cerrar el libro sin enterarme de qué les va a pasar. Total, supongo que la leo porque se me ha aparecido como un misterio, mediocre pero curioso. La leo para desentrañar por qué no puedo dejar de leerla. Los tres libros que llevo se tratan más o menos de lo mismo, unas mujeres gorditas y disque simpátican sufren (poco) y al final encuentran el amor y el éxito. Sus descripciones de lo que se siente ser una gordita que busca el amor y sufre por ser gordita, aun siendo simpática, son correctas y de vez en cuando conmovedoras. Pero no acabo de entender el éxito arrollador que tienen, porque ni yo, que soy algo gordita, tengo interés en leer descripciones correctas de lo que se siente serlo. Pero sin embargo (plionasmo que he heredado de la prosa de la Weiner) la gente la lee. Mucho. Tiene seis novelas uber exitosas, nombradas en las listas del New York Times y los clubes de Oprah y con brillantes críticas en el Kirkus review. Las seis las escribió en sólo diez años, durante los cuales tuvo tiempo además de tener dos hijas, hacer uno de los libros película y crear una serie de televisión. ¿Y por qué pudo hacer eso? Por que es muy trabajadora, evidentemente. Pero también porque todos sus libros y su serie de televisión tienen el mismo personaje central y se tratan de lo mismo. Puede hacerlo, y hacerlo tan bien como la primera vez, porque ha entendido su posición en el mundo. Ha entendido la historia que tiene que contar y la ha contado, una y otra vez sin echarla a perder. Ahí reside el talento de la Weiner, y es un talento difícil, imposible, admirable. Ojalá existiera una pomada de Weiner que poder untarle a George Lucas.

Sí, todo esto lo cuento para hablar de lo que de veras de interesa hoy (y casi siempre) que es: Star Wars. Hay una conexión, denme chance y llego a ella.

La semana que entra sale en Blu-Ray la saga de Star Wars. Cosa que a freakies como yo los emociona y enfurece mucho más de lo que debería. Emociona por los motivos evidentes: estamos medio enfermos y la idea de que Lucas nos comparta nuevos special features, behind-the-scenes, escenas cortadas de la trilogía original que Nadie. Nunca. Ha. Visto, etc. nos llega al corazón. Y enfurece por motivos también evidentes (por lo menos entre freakies): George Lucas se sigue metiendo con sus perfectas películas y echándolas a perder como si su propósito en la vida fuera molestarnos. Son cosas menores para la gente normal, le agregó un NO, NO, ¡NOOO! molestísimo a la escena en la que Darth Vader finalmente salva a Luke del emperador. Agregó piedras y puertas y otras idioteces. Y finalmente, sacrilegio de sacrilegios, le agregó ojos CGI a los Ewoks y ahora pestañean como quinceañeras en un baile.

No le alcanza a Lucas con haberle agregado tres películas malísimas a la serie, encima tiene que hacer todo lo posible para que las originales, hijas pródigas en las que hemos puesto todas nuestra complacencias, nos las recuerden. George Lucas, igual que Weiner, tiene una sola historia que contar, nos ha quedado clarísimo que hasta ahí le dio la cabeza. Y no es poco para una cabeza: Los Jedi, la Fuerza, Obi Wan y Han Solo. "Luke, I am your father". ¡Gran cabeza! ¿Cómo puede ser la misma que inventó los midiclorians; la historia de amor guarra e incompresnible entre Anakin y Amidala; y a ese horror que es Yar Yar, una lagartija idiota que habla raro (no raro y precioso como Yoda) sino solamente -estúpidamente- raro.

Es la misma cabeza. La pomada de Weiner le hace falta a Lucas porque lo que ha perdido es el entendimiento de su propia gran historia. Ha perdido lo que Weiner tiene estampado en cada dedo con el que teclea las aventuras de sus gordas: la claridad de lo que hace su historia digna de contarse, aunque sea la misma, una y otra vez. Lucas no sólo ya no pudo volver a contar su historia, sino que parece estar resentido en contra de las veces que sí pudo contarla y se empeña en jalonearla y manipularla, hasta dejarla irreconocible a los ojos de la gente que la ha tomado como suya, porque es suya. Es nuestra, más que de él. Si no por otra cosa, porque la queremos más.

Según leo en internet, las historias de Weiner engendran tanto amor entre sus lectoras como el que sus gorditas encuentran. Pero el amor que engendraron las historias de Lucas hacen que ese amor parezca tan nimio como el de Anakin y Amidala. El amor que hay por las historias de Lucas es una pasión ciega, loca, a la "Nueve semanas y media", "Último tango en Paris" y "Casablanca" al mismo tiempo. Es una pasión irredenta, que Lucas parece resentir. Y que nosotros, lo enamorados, nos rehúsamos a abandonar. Esa única historia que el pobre de Lucas supo contar, nos la contó tan bien que fue como endorsarla. Nos la dio, ni modo. Y ahora se la pasa metiéndose con ella como para quitárnosla. Para reclamarla de vuelta. Para gritar: es mía, mía, mía. Y no se las presto más que con mis condiciones. Y la cambio y le muevo y dejo claro que es mía. ¿Por qué? por que no le entiende a su propia historia. Que sí, es la de Luke y la Fuerza y así. Pero es más bien la historia en que todos sus freaky fans nos la apropiamos y la protegemos como si él, gordo insoluto, no hubiera tenido nada que ver con su existencia.

La historia de Star Wars es cómo Lucas nos dio el mejor regalo del mundo y después se dedicó a pichicatearlo y a devolverlo escupido. Es una historia de amor, ésta que Lucas no termina de aceptar como la suya, aunque él la creó con su otrora gran cabeza y la alimentó con galletitas de merchandising durante años. Una historia de amor y ahora de traición. No le entiende a su historia, la única gran historia de la que ha podido ser parte. Pomada de Weiner, necesita. Para volver a entender de qué va la cosa, contarla con alegría una y otra vez y dejar de molestar a sus muchos enamorados.


Compraremos el Blu-ray, claro. Aunque sea para quejarnos con conocimiento de causa. Pero bajo protesta y con muchos buenos argumentos para odiar tanto como amamos. Argumentos como éstos que dejo aquí: que han hecho muy feliz a la fan freaky y a la guionista seria que pelean mucho en mi cabeza. Gran cosa.

Phantom Menace:

http://scriptshadow.blogspot.com/2011/09/phantom-menace-star-wars-week.html

Attack of the clones:

http://scriptshadow.blogspot.com/2011/09/attack-of-clones-star-wars-week.html

Revenge of the Sith:

http://scriptshadow.blogspot.com/2011/09/amateur-friday-revenge-of-sith-star.html

jueves, 2 de junio de 2011

Consejo del Señor Williams

Vinieron John Williams y Steven Spielberg a mi colegio. Se sentaron frente a mí y hablaron de muchas más cosas inteligentes de las que seré capaz de acordarme. Son hombres grandes en edad y en oficio. Saben de qué hablan y saben también cómo hablarlo para embobar a una audiencia de aspirantes a ser ellos como los más hábiles encantadores de serpientes.

Spielberg tiene las manos enormes y el cuerpo chiquito. Como un muppet fantástico. Y dado que se esconde detrás de su gorra y sus lentes no se le ve el pelo blanco, ni las arrugas de los setenta años; se ve prácticamente idéntico al flaquito director que sale en esa foto emblemática acostado entre las fauces de un tiburón mecánico. Tiburón que, volvió a recordarnos, fue la experiencia cinematográfica más espantosa que haya tenido cualquiera.

Williams, en cambio, es un viejo de calva honorable, alto, panzoncito. Y de físico sólo la calma de su estampa se parece a ese hombre que dirigía una orquesta medianita en el cuarto de edición de Star Wars hace cuarenta años

Dijeron muchas cosas útiles sobre cómo hacer cine y porqué hacer cine y de cómo lo han hecho juntos de manera tan armoniosa. Dijeron tambien algunas cosas simpáticas sobre la manera específica en que se han ido ganando el respeto ciego del otro. Me salta la anécdota de Spielberg diciendo que casi entra en un ataque de pánico cuando después de nueve meses de filmación/tortura en Tiburón, Williams se sentó en el piano y con mucha ceremonia tocó dos notas con dos dedos. "Y ya" - dijo. Esa es la música de la pelicula en cuyo set acabas de dejar media vida y todo el hígado. Dos notas. Todos nos doblamos de risa y Spielberg dijo que cuando se le quitó el espanto aprendió que Williams siempre, siempre tenía la razón. Luego se acomodo sus anteojitos como un niño de cinco años que todavía no se acostumbra a usarlos.

Hablaron de más cosas interesantes; dieron más detalles técnicos. Y finalmente (como pasa con todos los notables que vienen a platicarnos) alguien les pidió que nos dieran un consejo sobre cómo triunfar en la industria. Williams dijo que era la pregunta más difícil que le habían hecho y le cedió la palabra a Spielberg que dijo -conciso y simpático- que debíamos aprender las formas y el oficio, trabajar mucho y no rendirnos. Muy útiles y correctos consejos. Luego Williams volvió a tomar la palabra y dijo la gran maravilla: no traten de triunfar, porque frustra. Y la frustración es el enemigo número uno del éxito, y peor que eso, de la felicidad. Trabajen y hagan. Pero cada cosa que hagan, háganla con gusto. Nos dijo que fuéramos paso a paso, buscando el placer en el paso anterior y no en el siguiente. Todo mundo sueña con ser presidente o astronauta o Steven Spielberg. Pero no todo mundo puede ser lo que sueña. Enfócate a lo que te toca, sé feliz mientras te toca. Si te lleva a ser Spielberg ¡qué mejor! Si no, lo habrás pasado bien de cualquier modo.

Mis compañeros salieron diciendo que qué consejo de mediocres había dado el señor Williams. Yo salí creyéndolo más genio que nunca. Entendí de dónde le viene la calma que tiene desde mucho antes de haberse convertido en ÉL.

Me estoy graduando de la famosa escuela. Éste seminario fue mi última clase. Y muero de pánico porque el mundo me está empujando a la realidad, al desmpleo, en gerenal al horror. Mis coleguillas tienen grandes planes y grandes quehaceres y grandísimas aspiraciones. Supongo que yo también. Pero John Williamas me dio el gran consejo. Lo padre es el camino. Si no llega a ningún lado, ni modo. Suena simple, pero me hizo muy feliz. Y como bien dijo el buen hombre (también Arostóteles lo dijo, y cuantos otros, pero hoy me lo dijo John Williams y yo le creo como Gloria Trevi le cree a los hombres malos), el fin de hacer cualquier cosa, nimia o grandielocuente, es ser feliz.

Ese John Williams... No se conforma con haber compuesto la grandiosísima fanfarria con la que Indiana Jones vuela de un caballo a un camión y salva el arca; o con la que E.T. vuela sobre la luna; o con la que Superman vuela sobre Metrópolis; Luke Skywalker sobre las estrellas; Harry Potter sobre sus fans. Encima tiene que ser sabio. Y feliz. Quizá por eso ha mejorado tanto vuelo inmejorable.

jueves, 31 de marzo de 2011

400 NEXOS

La Revista Nexos publica en Abril su número 400. Como soy descarada me doy el lujo de darme por aludida.

En estos días me siento rodeada de principios y cosas que hay que empezar a hacer. Hay que empezar a decidir dónde vivir, empezar a dejar de comer porquerías, empezar a hacerse de una carrera digna. Estoy en el principio de la vida que empieza. En el principio de ochenta caminos distintos, de dos o tres metas claras, de alguna cosa que se siente como la última en su estilo y de un carísimo paquete de chicles. .

Todo va empezando como empezó Nexos hace cuatrocientas publicaciones y muchas más palabras inteligentes. Me admira ese principio y su cuenta de hoy. Me admira todavía más cuando pienso en todas las veces que ha ido empezando a pesar de estar siempre ya encaminada. Cada vez -cuatrocientas veces- ha empezado algo bueno. Empieza y empieza todos los días. Todos los comienzos deberían ser como los suyos: eternos y repetibles, con puras cosas buenas que mostrar de sus falsos finales.

Todo va empezando y todo seguirá empezando, porque mientras más lo veo, creo que nada termina por completo. Llevo toda la vida empezando y mi vida ya no va tan al principio. Uno empieza su vida miles de veces. cada vez. De pronto me angustia pensarlo. Pero luego veo a mi alrededor el resultado de tantos principios y más bien me alegra. Nexos tiene 400 resultados de sus principios. No está mal.

Son buenos, los principios. Están llenos de posibilidad. Empezar y empezar, lo que sea: una revista, una frase o una vuelta a la manzana. Da ilusión empezar, otra vez, cada vez, a atrapar lo posble.

jueves, 7 de octubre de 2010

Todo el mundo escribe un libro



A estas alturas todo el mundo escribe un libro.

No se puede caminar por una librería sin adquirir esa certeza. Uno se encuentra con que David Archuleta escribió su biografía. Tiene 18 años, David Archuleta, creo quedó en segundo lugar en alguna temporada olvidable de American Idol. 18 años y suficiente material para escribir una autobiografía de 400 páginas. Todo el mundo escribe un libro. El best seller del año es la secuela de la serie Candy; que según me he enterado (en un regaño vigoroso de un gordito con el que voy al colegio) es el recuento aventurero de una tal Lauren algo que salía en una serie que TODO EL MUNDO tuvo tiempo de ver (no se cómo hizo todo el mundo cuando está tan ocupado escribiendo un libro). ¿The hills, puede llamarse la serie de la famosa Lauren? ¿The Valley? Algo así californiano e indispensable.

Total que todo mundo escribe un libro y qué mejor. Como hay tantos, se confunden, se dan por dados. Se notan los de Candy y Archuleta; igual que se pierden miles de otros que deben ser dignos de verse.

Tengo la peligrosa sospecha de que este libro que estoy leyendo podría cambiarme la vida.

Es las dos cosas: notorio (aprobado por Oprah, su autor en la portada de Time) y digno de todo el amor, desmesurado o cabal, que la ficción provoca.

Es una de esas obras - se les llama obras porque no hay una manera menos pretenciosa- que incitan al cambio radical. Es una novela, o sea puras invenciones, palabras que atragantan y lastiman y purifican.

Pero es una de esas invenciones de apariencia inofensiva que tras ser absorbidas exigen una consecuencia drástica. Dependiendo de quién seas y tu situación vital exigirá un divorcio, un suicidio, un poco de sexo arrepentido; o quizás un viaje al altar, un baile suelto por una calle sucia, un festival de piel desnuda y satisfecha.

Freedom, se llama. Lo escribió Jonathan Franzen. No puedo decir nada nuevo sobre él. Está reseñado en miles de publicaciones americanas y no. Todo mundo habla en esas reseñas de su estilo práctico, simple, correcto. De su honestidad, de la claridad de sus retratos, de la precisión con que observa y reseña el mundo.

Lo que sea. Es uno de esos libros.

¿Cómo dice la historia? Uno debe plantar un árbol, escribir un libro ¿tener un hijo, es la tercera? Pero si uno hace una de esas cosas muy muy bien quizá pueda saltarse las otras. La mamá de Mozart puede obviarse lo del libro, quien haya plantado a Grandma Willow puede morir tranquilo sin descendencia. Y así.

Jonathan Franzen que no plante un árbol.

Y todo mundo a escribir un libro. A cambiarle la vida a alguien. Que no hace falta ya ni perder la vergüenza.

jueves, 22 de julio de 2010

Y tú ¿Quién eres?

Hace unas semanas en una entrevista de trabajo me preguntaron quién era. Así, como slogan de revista noventera, con la facilidad y la inconsciencia de quien no conoce la neurosis. ¿Quién eres? Qué pegunta nimia y horrenda. Mi respuesta fue un decidido "no tengo la menor idea". Y había en esa respuesta, absolutamente irresponsable considerando el contexto, una declaración de quién es una parte de mí.

Por que tengo suerte y vivo rodeada de gente inteligente que se hace estas preguntas y que a veces vive de responderlas, escucho toda el tiempo teorías y declaraciones, unas más oficiales que otras, sobre quién es cada quien. Vienen a perorar a mi colegio toda clase de escritores y cineastas de éxito; voy a coloquios con mis célebres familiares y escucho a una bola de seres útiles hablar de lo que un escritor debe ser, lo que un artista debe ser, y debe ser, según cada quién va decidiendo y declarando con absoluta (si a veces impuesta) seguridad, puras contradicciones. Un artista debe ser desordenado, desorbitado, consistente, memorioso, útil, simpático. Trabajador o inspirado, misántropo y sufridor, alegre y dispuesto a comerse la vida. Terribles, locos, ordinarios, inconscientes. Los pongo todos juntos y concluyo (brillantemente) que hablan de lo que cualquier persona puede ser para ser cualquier cosa: guionista, paparazzo, ingeniero o albañil. Es claro (supongo que incluso para ellos) que cuando los notables declaran sobre estos asuntos no revelan lo que opinan de su oficio y quienes se dedican a él sino de su propia personalidad, la que tienen o la quisieran adoptar. Por que gran parte de la respuesta al insoportable - ¿Quién eres?- está en nuestra aspiraciones mucho más que en nuestra realidad.

Cada quien es la historia que se cuenta. Ayer en la farmacia un cajero vio mi bolsa y supo decirme en qué tienda la había comprado y que era de hace dos años. "Soy diseñador" - me dijo con una certeza que invalidaba por completo su delantal del CVS y la sentencia que colgaba de su pecho: Hello my name is... I'm here to make you one very satisfied costumer today. Hola, mi nombre es el futuro Christian Dior. Voy a la escuela con un texano menso que porque es escritor y le parece lo correcto, vive diciendo que está loco y que no piensa como los demás. El hombre es el más ordinario ser humano del planeta, no hay nadie más centrado y menos lunático en la superficie del globo. Sin embargo de tanto decirlo quienes no lo conocen han empezado a repetir que el tipo está loco; y si sigue así eventualmente convencerá a sus amigos casuales del hecho, luego a sus seres queridos, por fin a sí mismo. Y será entonces un loco.

Dicen todo el tiempo: sé quien eres. El texano cuando esté loco ¿será quien era o se habrá fingido tan bien por tanto tiempo que su falsedad lo habrá hecho sincero? Te dicen que seas tú mismo, que no finjas para quedar bien, pero ¿que tal que lo que eres es un falso? ¿O un individuo cableado desde el nacimiento para doblarte hacia el lado que convenga para quedar bien con los otros? Y quedando bien eres más tú que en el rincón más obscuro y solitario de tu cama. ¿Cuál es la actitud correcta? ¿Cuál de los dos eres? Alguna vez alguien digno de impresionar ha hecho una broma con una referencia que desconozco. Y yo me he reído como si en efecto tuviera un entendimiento de su obscuro término tan cerca y tan claro que me vino casi en la leche materna. ¿Ser yo misma hubiera sido decir: "perdóname no sé qué es eso"? No. Yo misma es un ser orgulloso que prefiere sonreír y mover la cabeza con coquetería antes que aceptar que no sabe de algo.

Espero que yo misma sea también otras cosas: valiente, generosa, trabajadora, divertida; interesante, misteriosa, buena, genuinamente lista. Todas las cosas que se debe querer ser. Todas las cosas que se desean en un amigo admirable. Ese deseo será acaso la única parte cierta de mi personalidad. Ese deseo y sus múltiples dudas. Un yo mismo fluído y adaptable al humor que convenga. No porque vive miedoso del juicio de los otros, sino porque vive miedoso del propio.

¿Qué será bueno querer ser? Será bueno encaminarse a ser ¿quién? ¿Un diseñador o un loco? ¿Qué historia será bueno contarse? Me lo pregunto porque asumo que los veinticinco años tienen todavía pase amarillo a este tipo de reflexiones inconsecuentes. Todas las edades han de tenerlo, porque no va quedando más remedio que adaptar la historia de quién somos un poco al vuelo.

Qué reflexión más molesta y cambiante. Es el lugar más común preguntarte quién eres. Aunque sea inevitable me provoca gran desdén. Desdén que sin duda, porque así es la ironía, ilustra una parte de quien soy.

Y así sucesivamente, todos vamos siendo alguien.

miércoles, 23 de junio de 2010

Esta es la alineación. Muy.


Voy a interrumpir mi terrible abandono de este espacio con un post de futbol of all things. Mis disculpas para quienes me conocen bien y se dan cuenta de lo esquizofrénico que es mi interés por el deporte (no me interesa nunca nada, pero durante el mundial paro toda actividad para ver partidos entre Singapur y Timbuktú y algunos resultados llegan a hacerme llorar).

Ni modo, en estas fechas y de manera arbitraria me va la vida en el campo y tras la derrota, triste más que indigna, de la selección nacional ayer, la bola de metiches de los que estoy rodeada (bola que incluye un gran sabio futbolero y vario individuo tomado por la fiebre del verano sudafricano que nos hace creer que sabemos) hemos decidido plantear la solución.

Así que Vasco Aguirre y quien quiera oír: ¡Esta es la alineación!


Ustedes perdonen el rudimentario esquema pero hay mucha urgencia de empezar a gritar nuestra (consideramos nosotros) utilísima y vital opinión.

Ochoa en el arco es una decisión de principio que consiste en apostarle a la juventud. Aunque sea para perder, hay que caer con riesgo y juventud.

Luego cinco, tres, dos.

Cinco en la defensa, con Márquez como la voz de la sabiduría; Moreno y Maza como seguros de vida; y Juárez y Salcido con opción a subir por las bandas. Luego Torrado, Barrera y Cuauhtemoc. Los primeros dos para contener y el adorable monumento Cuau para que no corra y piense, que es lo que hace bien. Adelante el Chícharo y Gio que dan velocidad y mareo y buena onda en el frente.

¡Y listo! La juventud y Cuau. Arreglado el mundo. Argentina caerá. ¡A la victoria!

sábado, 17 de abril de 2010

Carol quiere con Dani

Me he enterado de que Carol quiere con Dani. Y la pobre se ha enterado de que Dani quiere conmigo.

Vamos todos juntos en esta escuela donde las clases son de maestría pero las interacciones de secundaria. Somos cien pelados viéndonos las caras todo el día, el resultado menos grave es el corredero de chismes en el que vivimos. Corredero por el que pasamos Dani y yo hace poco, sin importarle a nadie, más que a la pobre de Carol.

Carol tiene un pelito rectangular y pesado, perfecto; es chiquita y linda como las niñas que iban a la escuela con Sailor Moon. Es una productora de aspecto eficaz y simpático con la que nunca he cruzado una palabra. Con Dani ha cruzado varias. Aparentemente suficientes para llamarse a engaño cuando la pobre enteróse, hace dos o tres días, de que Dani no sólo no quiere con ella, sino que anda conmigo.

Además de lo que puedo inventarme viéndola, sé de Carol cuatro cosas que me cuentan: no sale mucho, trabaja con una disciplina callada y útil, pasó Navidad sola en su casa y se le considera en general un encanto. Eso y que quiere con Dani. Que quiere a Dani. Mucho.

¿No es de lo más triste que han oído? No la conozco de nada y me las he ingeniado para romperle el corazón.

La pienso lloriqueando por los rincones con mi cara en la cabeza, moqueando su almohada porque mi novio no la quiere. Mi novio que siempre tiene las manos tibias; y que compra palomitas cuando vamos al cine saliendo de cenar; y que encoge los hombros como infante cuando algo le da risa; y que la semana pasada que se quedó solo en mi casa, tendió mi cama como de hotel, colgó mi vestido en una silla y enrrolló el cable de mis audífonos sobre sí mismos.

La pobre llora de por sí, imagínense si supiera de lo que se pierde.

Es injusto, el cariño. Tiene reglas muy siniestras. La cantidad de veces que yo he sido Carol... quisiera como hacerle un tecito y pedirle perdón.

Uno anda contento haciendo a otro infeliz ¿Qué se hace -en la vida- con tanto deseo dispar?