viernes, 26 de septiembre de 2008
No hay que darles la confianza
martes, 23 de septiembre de 2008
Aplicación
Personal Statement
It sounds childish and self important to say that I find personal statements haunting. But I do. If you get them wrong they mock you for a long time; and if you get them right, at 24, you are necessarily uninteresting. Still, risking either catastrophe, here goes.
For all the time I spend thinking about it, I know very little with certainty about my future, but one thing I know for sure is that I want screen writing to be my profession. I have great faith in the possibilities of fiction and in film as the best medium to expand those possibilities. I want to be a part of that. Screen writing is the best of two worlds because it allows you to work alone while forcing you to be collaborative. I love the idea of witting something that is meant to come alive, not just in the imagination of an individual but in a film making effort, that involves the input of many people.
I often hear it takes courage to write something down; it takes courage to put it out there for others to judge it and to make it their own. But I believe when it comes to wrtiting for the screen or stage, the opposite is true. It takes courage to mount a production effort based on a piece of writing. It is brave to put the amount of money, people, time and sheer effort that film making requires, into what one person typed up, generally hunchbacked and deluded. Filming a writer´s screenplay is giving him the ultimate vow of trust. Any amount of formidable things have come from that trust.
It is relatively easy for me to make a quick list of my goals as a writer: I want to live happily through the things I make up; I want my work to change the life (or at least the afternoon plans) of complete strangers; I want to make my excessively brilliant writer parents proud; I want to make fiction that betters our reality. I could go on, but my primary goal is always the same: I want to earn my right to that initial trust. I do not know enough to claim it yet. I´m not sure anyone does. But I can´t think of a better place than this writing program, to start learning it.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Placeres culpables
sábado, 30 de agosto de 2008
Extraño a un extraño
Dicen que no puedes soñar con un desconocido. En los sueños, las caras que no reconoces, son gente que has visto sin poner atención. Los desconocidos caminan frente a ti, sobre ti, todo el tiempo. Si a veces te detienes a verlos, no puedes más que inventarles una historia. Sólo porque puedes. Porque están frente a ti y da ansias no saberlos. Los desconocidos adornan y son padres. Extrañar a un desconocido es imposible. Un desconocido es diferente a un extraño.
Un extraño es un desconocido que te presentaron. Un desconocido que has visto varias veces. Un desconocido que dejó de serlo porque te llevó al cine algún miércoles; porque te dio la mano en una borrachera; porque le ganaste un duelo de guitar hero; porque cuando lo viste deliberadamente, te recordó algún cariño viejo. A un extraño decides dejarlo entrar. A tus sueños y a tus imaginarías. No sabes quién es, pero a veces lo piensas. Piensas en cómo sería si dejara de serlo. Te da curiosidad duradera. A veces un extraño promete volverse indispensable. Y lo imaginas completo. Y sin tener idea, te concentras en él.
Te concentras en el extraño que sin parecerse a lo que andas buscando te da, en dos palabras, exactamente lo que quieres. Alguien que siendo completamente distinto a ti, venera las mismas cosas. Que presume de haber descubierto el agua tibia y en el fondo sospecha que jamás descubrirá nada. Que sufre y pretende de más. Provinciano y cínico. Brillante e inerme. Te ha visto dos veces pero las dos tuvieron un instante de rendición tan absoluta, que la imaginación te lo vuelve adictivo. Y haces cosas que no harías y no entiendes. Y te desgarras en la tarea inútil de descifrar lo que no has visto. Sin herramientas y sin ventajas, estás de pronto puesto a observar cualquiera de sus atisbos.
Llegas de una fiesta a las seis de la mañana. Y tus amigos son simpáticos. Tus amigas mueven la cadera con exactitud. El trabajo que te espera el lunes es divertido. El hombre que te persigue se ve precioso en tu almohada y se vería igual tomando té con tu mamá. Te detienes en la puerta a contemplar qué podría mejorarlo todo. Te odias por intuir que hay algo que mejorar. Pero es el extraño. Te cae de pronto. Como un plomo. Como la respuesta precisa: es su posibilidad. La posibilidad de este extraño, mejoraría lo inmejorable.
El extraño lo es, casi por completo. No te besó suficiente. No mediste el efecto de sus manos en ti. No te ha acompañado ninguna pena y ninguna alegría. Te ha dado pocos motivos. Ninguno muy bueno. Y de cualquier modo te lo preguntas. Te preguntas si te habrá dejado entrar. Si te habrá inventado la mitad de las historias que te mereces. Si conocerlo te decepcionará tanto como te imaginas. Te preguntas porqué te preguntas por ese extraño, habiendo tantos otros. Tantos que han sido mejores en la expectativa y en la práctica. Te preguntas por su infancia, por sus intenciones y por las partes de su cuerpo que no verás. Te preguntas por sus hábitos, por sus miedos, por el color de su cama.