viernes, 22 de mayo de 2009
La niña hizo berrinche
martes, 19 de mayo de 2009
El hombre perfecto (sí, me cae)
viernes, 15 de mayo de 2009
La banda se casa / envejecemos
lunes, 4 de mayo de 2009
Mis amigos no se mueren, se van a Nueva York
Esa ciudad parece saberlo todo y lo enseña todo en lecciones claras y particulares. La famosa capital del mundo se relaciona con tantas cosas como personas ha contenido entre sus cortísimos límites.
Nueva York remite a una lucha constante entre lo mundano y lo inexplicable. Es el espacio etéreo que se pega como propio a la piel de cualquier extraño. Es una adicción cotidiana, un trámite frenético y sencillo, es una experiencia que exige el estudio y la angustia de lo desconocido.
Nueva York tiene la energía de una bestia sin dueño. Se mueve con la desesperación de un niño perdido y envuelve con la ternura de una abuela que ha dejado de contar a sus nietos.
Es una isla falta de fe pero divinizada por sus habitantes, divinizada como la fuente y la solución de misterios mayores, divinizada simplemente como un mundo que es necesario experimentar. La lucha entre lo cotidiano y lo inalcanzable se pronuncia y se resuelve en su movimiento continuo.
"Mis amigos no se mueren, se van a Nueva York" -decía Gabito para que el espanto de la muerte no lo mosqueara. Y es que sí hay algo en Nueva York que lo coloca en un plano ambivalente entre lo que existe todavía y lo que ha ido desapareciendo. Hay que irse a esas calles sucias y brillantes a buscar todo lo que vamos dando por perdido.
Hay que visitar a ese pequeñísimo rectángulo de tierra. Mucho. Provoca casi tanto síndrome de abstinencia como un novio perverso y consentidor.viernes, 24 de abril de 2009
Un plagio de a de veras
Star Wars: Retold (by someone who hasn't seen it) from Joe Nicolosi on Vimeo.
lunes, 13 de abril de 2009
Un autoplagio
domingo, 5 de abril de 2009
Escribir
Llevo algunos meses ocupada en la tarea de aplicar a un sin número de escuelas en las que habrán de enseñarme a escribir. Entre sus múltiples requisitos de entrada está la exigencia de que yo demuestre que tengo formas elocuentes, de preferencia elocuentísimas, de reseñar mi relación con el trabajo del escritor, la responsabilidad de mis letras y demás cosas padres. Me dicen que tengo que demostrar mi intensa pasión por la escritura para que me dejen poner pie en sus aulas. Aulas que aparentemente estarán plagadas de gente que tiene reverencia por el sujeto y el predicado. Me he encargado de construir ensayos, cuentos y entrevistas para convencer a una bola de extraños de que tengo una relación armoniosa con eso de poner una palabra frente a otra. Bajo semejante presión me he lanzado de manera inconsciente a hacer toda clase de discursos en torno a mi relación con la escritura: que si disfruto el proceso; que si la fantástica náusea de la página en blanco me persigue y me llama; que si paso tardes enteras reflexionando en torno al frencuente uso de la letra E. Puros choros.
Si he de decir la verdad, me cuesta trabajo hablar de la escritura. Me queda demasiado cerca. Mis padres se han hecho con ella quienes son y con su ayuda han hecho la parte de nosotros que les tocaba hacer. Mis familiares son capaces de citar la mala ortografía como un defecto de carácter. Mis novios han sido expertos en mandar correos desgarrados o desgarradores, llenos de cosas que jamás dirían en voz alta. Mis amigos escriben cartas largas y bien pensadas cuando mandan un mensaje por facebook. Es irremediable: en mi entorno la escritura es la forma más precisa y bienvenida de relacionarse con el mundo.
El asunto no se trata de mi relación con la escritura tanto como se trata de su relación conmigo. Me informa el paso siguiente: a veces hago cosas nada más para ver si me dan algo que contar; me ha dado por enamorarme de alguien por que tiene un gesto que sería un reto poner por escrito. Imaginarme cómo quedarían escritas es un vicio que pasa por todas mis interacciones.
