Se lee más padrísmo empezando por el DÍA UNO
DÍA DOS
Ir caminando por 5th avenue y entrar a la catedral de San Patricio por primera vez. Ver a toda clase de banda meter sus dedos en el agua bendita que está junto a la puerta principal y pasársela por la cara; sin duda ese debe ser el charquito de agua más manoseado del planeta. Preguntarme si el agua estará suficientemente bendita como para salvar a los feligreses del asco que es untarse la mugre de miles y miles de extraños tan cerca de los ojos.
Caminar hasta el centro de la iglesia y toparme con un inmenso altar a la virgen de Guadalupe. Ver a los mexicanos devotos prenderle veladoras mientras una gringa regordeta le toma fotos.
Recordar la visita de Hillary Clinton a México: parada en la basílica mirando hacia la imagen que la virgen le dio al mismísimo San Juan Diego, dijo –“That is so beautiful. Who painted it?”- se hizo un silencio, pero el Obispo no perdió el estilo y contestó rápidamente –“God”. Hillary hizo una mueca efímera que parecía gritar - "¿Te cae?"- y luego nada más sonrió como la politicaza que es.
Salir de San patricio y entregarse el resto del día al baboseo.
En la noche entrar al Waldorf Astoria. Recordar a Pacino llamándolo the cradle of civilization.
Atravesar su cursilísima rotonda y sentirme en casa. Verla llena de turistas sudorosos y en shorts; pensar en lo bajo que ha caído, la pobre, desde las épocas gloriosas en que Fitzgerald la atravesava vestido de jacqué. Subir a mi cuarto y que me reciba en el pasillo una foto del presidente López Mateos abrazando a Frank Sinatra.
Meterme a una tina llena de burbujas que huelen a vainilla y a pachouli. Reírme como Homero Simpson de la palabra pachouli. Salir chapeada y suave. Ver un capítulo de Doogie Howser On Demand y uno de How I met your mother en iTunes.
Pensar que Neil Patrick Harris es dios.
Ver DÍA TRES
