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martes, 18 de agosto de 2009

Sálvame de mí, amor mío y otras consecuencias cortas de la mudanza.

Finalmente me contectaron internet en la casa angelina. Pero por supuesto al mismo tiempo I have officially entered panic: tengo que escribir dos impresionantísimas sinópsis que hagan a mis compañeritos desmayarse de emoción frente a mis talentos guionísticos y dramáticos, para que mueran de ganas de trabajar conmigo y me consideren para siempre lo máximo y ya así padre. La bronca es que no tengo nada.

Confieso que me puse a buscar formas de autoplagiarme para salir del paso (o buscar inspiración en mis glorias de antaño, como les parezca menos condescendiente), y leyendo mis sinópsis viejas encontré una cosa relativamente simpática que les dejo aquí. Es el resumen de un película falsa que mi emblemático maestro Ricardo me dejó hacer de tarea la primera vez que lo vi.

Me han pasado tantas cosas dignas de este espacio en los últimos días que me da un poco de tristeza dejar un refrito. Pero ni modo, la mezcla de flojera existencial y la cantidad de distracciones tramitológicas y escolares que me embargan estos días me tienen ofuscados la cabeza y el teclado. Y este pobre 400 lleva muchos días en el abandono, así que les dejo aquí la sinópsis del peliculón que sería este "Sálvame de mí, amor mío".

Igual y un día hasta la hacemos ¡chingá! ¿Cómo no? Va:


Sálvame de mí, amor mío (sinópsis imaginara para la solapa del DVD)

Del aclamado director de Sonaron tiros sobre Ocotitlán, Alberto Concepción García, llega esta divertida comedia de muerte y romance que promete hacerlo dudar y reír hasta el último minuto.

Cuando su cuñado decide terminar la relación adúltera que sostiene con ella, Rosa, una simpática y romántica ama de casa interpretada por Lupita Morales y Morales (ganadora del premio Ariel 2006 por Cuando Lola viva sola) cae presa de un ataque de celos que la obliga a asesinarlo con la pistola de su marido Marcelo. Cuando Marcelo llega a casa y Rosa alega haber actuado en simple defensa propia, el abnegado marido decide darse a la fuga para hacer creer a la policía que él es el responsable del asesinato.

Sin embargo las cosas se complican cuando Ramón, un policía mujeriego y desencantado del amor interpretado por Pedrito “el negro” Romero (Un hombre y sus seis pistolas) desconfía de la versión de Rosa y decide investigar. Por medio del hermano de Rosa, quien está ávido de venganza ya que al huír Marcelo se llevó su camioneta Voyager '96, Ramón descubre la verdad del crimen y promete informar a Marcelo obligando a Rosa a escapar también.

Este es el inicio de la hilarante carrera de competencia entre Rosa y Ramón en la búsqueda de Marcelo. Una carrera plagada de sorpresas en cuyo camino de encuentros y traciones ambos encontrarán un destino que jamás imaginaron.

lunes, 23 de febrero de 2009

Tengo que escribir un guión.

Tengo que escribir un guión pero mi computadora abre Facebook y me descontrola. Pero todas las vidas que podría tener se me van apareciendo.  Pero Ximena y Nuria y Andrea changed their profile pictures y son divinas y me dan miedo. 

Tengo que escribir un guión pero no he activado mi tarjeta y mi chequera y me gasté mi saldo mínimo. Pero  hablo con una señorita que me pide números y números sin secuencia que no podré recordar nunca. Pero me pone nerviosa y conoce mi magro  ahorro y me tiene en sus manos. Pero otro número por favor y -“Ayúdeme señorita de Ixe. Tengo mucho miedo y tengo que escribir un guión”.

Tengo que escribir un guión pero Carlitos que vive en un cubículo afuera de mi oficina pone a Bunbury, bajito y en mi oreja. Pero “sabemos agradecer a pesar de lo vivido” y ¿quién quiere escribir un guión cuando hay quien vive de escribir música? Y aunque “de todo comience a hacer ya mucho tiempo” se me agolpa el pasado entre los dedos y el teclado.

Tengo que escribir un guión pero leo de la familia de Bambi y pienso que las familias son arbitrarias y mi familia es tan buena. Pero mi madre es tan brillante y tan fácil. Pero mi papá tan preciso y tan inmenso. Pero mi hermano tan terso y tan fuerte. Pero el resto de los que se han vuelto mi familia ¿qué estarán haciendo? Pero Lumi ¿qué traza? y Adriana ¿qué cuenta? y Javier ¿qué imagina?

Tengo que escribir un guión pero se me olvida por dónde empezar y tengo mucho miedo y me quiero esconder en la cama de Arrache.  Pero quiero ver negro debajo de sus cobijas y hasta el último rincón, donde duermen sus pies.  Pero quiero ver si ahí  se me paga su fe y su dios escribe mi guión mientras él está en la oficina dibujando gente buena.

Tengo que escribir un guión pero no me lavé el pelo y me hace estornudar cuando se mueve sobre mis hombros. Pero tengo las rodillas frías y las medias rotas y la uña del dedo índice mal pintada. Pero algo raro me duele en el pecho y tengo que ir a la clínica Lomas Altas que está tan arriba y tan blanca y tan  lejos.

Tengo que escribir un guión pero extraño a Yaron, que era mi hermano y mi marido y que no es nada ya. Pero vi esa película de monitos que hizo su gente, de conciencia tan siniestra y tan  sofisticada, que no ganó el oscar y  me deshizo de tal modo.

Tengo que escribir un guión y se me atraviesa el día, que se parece tanto a todos los días, bueno y limpio y nuevo.  Pero no puedo pensar y se me complica unir el verbo con el sujeto y el complemento. Pero tengo un vacío negro en el centro del cuerpo y no me curo de mi Abu y tengo miedo.

Tengo que escribir un guión.

Tengo que escribir un guión.

Tengo que escribir un guión.

Pero. Y. Pero. 

Pronto tendré que escribir dos guiones. 

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El general Iturbide

Estoy cansada. 

Me sacaron las muelas del juicio. Las cuatro. Sólo se inflamó una, de un sólo lado. Lo cual suena bien pero resulta en que en lugar de verme como una chica parejamente cachetona que igual y así es, me veo como De Niro después de la última pelea de raging bull. Como si fuera poco no se puede comer nada que tenga que ser masticado, lo cual significa que hace días que no me como un pan. Es una desgracia. 

Al mismo tiempo tengo que manejar a Puebla mañana para ver si edito la peli de alguien más; y a Morelos el lunes para ver como alguien edita la mía. 

Al mismo tiempo tengo que aplicar a todas las escuelas padres a las que estoy aplicando, para ver si me enseñan a hacer lo que se supone que ya estoy haciendo. Ha resultado un trabajo de tiempo completo este asunto de pedir entrada a las honorables instituciones: hay que hacer ejercicios dramáticos; escribir ensayos sobre lo que la vida depara o debe deparar; pedir la expedición de oficialísimos papeles que te recuerdan que sacaste un seis hace cuatro años; aguantarse la pena de pedirle a un sin número de gente que escriba sobre lo brillante que eres; y sobre todo, sobre todo, adivinarle el pensamiento a quién sabe qué decano y rogarle al destino que su mujer no lo haya dejado la noche anterior a que lea tu guión, ese que se trata de cómo el amor es la pura buena onda. 

Al mismo tiempo tengo que escribir un cortometraje sobre Agustín de Iturbide. Como lo oyen. Agustín I de México será canalizado a mi horrorizante página vacía de screenwriter. Por lo menos eso es lo que pasará en teoría. Un día. 

Hay que inmortalizar a Don Agus, como si le hiciera falta. Y mi problema es simple: Don Agus me cae gordo. Y no por haberse coronado emperador, ni por haber sido miembro del ejército realista, ni por ninguna otra de esas cosas por las que Agus le cae mal a la historia oficial y a las maestras de primaria.  No, no. A mí me cae mal, porque el hombre era un pinche flan. Así.

Háganme el bendito favor: 

Consumó la independencia de un país sin hacer guerra. 

Y se coronó Emperador sin darle golpe de estado a nadie. 

Y cuando lo corrieron dijo - "sí cómo no" - y se embarcó a Italia a los tres días. 

Y cuando lo iban a matar,  los soldados del pelotón rehusaron la orden de fuego y en lugar de tratar de salir corriendo, los regañó por su falta de disciplina militar -"Su comandante les dio una orden, banda.  Mátenme." Así. 

De la carta que le escribió a su esposa dos horas antes de morirse es mejor ni hablar. Su esposa que llevaba cinco meses de embarazo en un barco mugroso. Su esposa que le había aguantado toda la campaña militar y luego la corte y luego el exilio, mientras paría sin cesar a sus ocho hijitos. Todo para que la última carta que le escribe,  palabras más o menos, diga: "Cielo, me matan en dos horas. Crece a nuestros hijos en la religión católica, que es la verdadera. Y te cuidas. Agustín".  Así.

Es de una disciplina y de una eficacia que enferma, el señor. Seguía órdenes como un desvalido y las daba como un jefazo. Se las ingenió toda su vida para quedar bien con dios y con el diablo. Y en la muerte, aguanta con todo los múltiples intentos de satanización que le han  recetado. Nada. Qué por más que en su infame juventud  haya perseguido al ilustre  curita Hidalgo, la firma de la independencia dice Agustín y no Miguel. 

No, no. Es un tipo innegociable, este Agus. Estoy segura de que nunca se quejó de que estaba cansado porque le sacaron las muelas del juicio y tenía tantísimas nimiedades que atender. Con gente así no se puede tratar. 

Estaba hecho de otra cosa, el general Iturbide. Y ahora es mi trabajo (me quejo amargamente, como él jamás) entender de qué cosa. 

Estoy cansada. 

lunes, 20 de octubre de 2008

Perdón que amanecí fina. Pero estoy encabronada.

Para titularse en la Ibero hay que pagar veinte mil pesos. Así. De huevos.

- ¿Por qué cuesta veinte mil pesos el trámite de titulación? - le pregunté a la amabilísima seño de servicios escolares.

- Le incluye su revisión de estudios y su expedición - me contestó.  Ignorando el tema real de la pregunta.  

¿Mi expedición a dónde, cabroncitos?  A precio Ibero,   de menos  al parque acuático Tepetongo.

Yo sí aprendí en la Ibero, contra todas las predicciones. O sea que los muchos pesos que cuesta la hora de clase, los siento desquitados. Es cosa de repartir las horas que te parecieron un robo entre las que te parecieron un regalo y la verdad es que la cuenta metafórica sí sale.  No soy de la escuela de gente que asegura haber pasado por ahí en blanco. 

Tampoco soy de la escuela de gente  que asegura que alguien se roba la mayor parte de lo que pagamos. Creo en la honestidad intrínseca de los miembros de la administración iberita ¿Cómo no? (Aunque sí haya que hacerse la pregunta: Si no se lo roban ¿en qué carajos se lo gastan? Pero esa es otra discusión.) Por lo pronto  yo les creo ¡Chingá! 

Peso sobre peso he justificado sus ladronas prácticas desde que empecé a tratar con ellos. Peso sobre peso, como la mismísima Bartola. Y ahora me salen con esto, los muy hijitos de la fregada.

No tienen suficiente con la vida que nos quitaron haciéndonos cursar ocho materias al semestre. Incluyendo teoría de la comunicación uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete. Incluyendo también esas mamadas que ellos llaman integraciones y que titulan de manera elocuentísima:  Introducción al problema del hombre; Pareja, Matrimonio y Familia; Análisis histórico de la vida de Jesús de Nazareth; y mi all time favourite: Relación hombre-mujer.  De un ejercicio de esa clase sacó mi amiga Lumi la forma más guarra de llamar al pene que alguien ha podido invocar (taco de vena, por si se lo preguntaron). Y también por si se lo preguntaron, fue un ejercicio formal, no una plática de banca. Encontraron como 35 maneras de nombrar al órgano sexual masculino en esa, tan productiva, sesión académica. 
Lo único que integramos en clase de integración fueron  nuestros horarios chimuelos y   las arcas administrativas.

Mismas arcas que tras habernos sangrado durante cuatro años, exigen un pilón de veinte mil pesitos, na mas pa expedir un papel. (Te lo envuelven en un foldercito muy organizado, eso sí). 

 ¿Tras entregarles la vida nos cobran  a lo chino para entregarnos un título? Son chingaderas. Se titulará su madre, pero lo es yo, no. 

 

sábado, 4 de octubre de 2008

Same Sex Atraction Disorder: SSAD

 

Tengo la mala fortuna de hacer mi servicio social en una asociación de fachada laica y corazón de María. En honor a la verdad, no hago casi nada. Seis meses pasan como una brisa sobre mi responsbilidad. Horas liberadas van y vienen sin que yo me presente. Hasta que un día… Un día organizan un congreso titulado “Comprendiendo la homosexualidad” y ahí caigo, señores. Decirlo me apena. Sinceramente. Ahí caigo a ayudar en la realización de un congreso cura-gays. Es espantoso. He aquí un recuento:

 

El viejito loco que da la conferencia principal se llama Joseph Nicolosi. Me recuerda a alguien, no se a quién, seguramente a alguien siniestro. Cuando se emociona se parece como al duende verde de Spiderman. Igual de gay, también. No le hacen falta ni las mallas. Declara que las causas de la homosexualidad masculina son una madre castrosa y un padre ausente.  Tiene toda la pinta de ser el típico doctorsucho de buenas maneras  que termina en el número 16 de las pink pages, involucrado con alguno de sus pacientes. Alguno bonito.  

Nicolosi declara que ese juego semi-sádico que algunos padres juegan con sus hijos, en el que el padre avienta al niño al cielo y lo cacha. Y vuelve a aventarlo y lo cacha, etc. Mientras la madre, desde un rincón del jardín, grita  - “ DONT! You´ll drop him on his head!” -  es vital para la no putización de crío siendo aventado. 

 – “He might fall on his head. But at least he´ll be a heterosexual” – dice el doctor con un rigor científico digno de Kevorkian – “That was a joke” – dice después. Pero nadie se ríe.

La falta de cariño físico y de entediemiento claro entre el hijo y el padre es también una causa muy imporante para la temible homosexualisación de las criaturas. Un buen padre debe ocuparse de que su hijo no se convierta en un heterosexual con desórdenes homosexuales.  Así los llaman. Por que los homosexuales no existen, by the way, todos son unos heterosexuales enfermos. Ah no... perdón, no podemos decirles enfermos porque el público ha sido lobotomizado por el  gay affirmative message y si los llamamos enfermos nos corren de la American Psichological Association. Pero eso son, aquí entre nos: enfermos – por eso los curamos - ¿Sabían ustedes que la comunidad homosexual fuma más que la heterosexual? No sólo eso. También se mansturba más y tiene más sexo  (Éstas últimas son pruebas irrefutables de su perversión, porque como todos sabemos, eso del orgasmo no es de gente sana). Total que un padre responsable que quiera un hijo machín debe practicar toda clase de deportes de contacto con el niño, al tiempo que lo hace hombrecito a base de juegos puramente masculinos y de preferencia violentos como el futbol americano o el burlarse juntos de su madre. Esa es otra cosa, nos informa el Doctor, que los niños aprenden de este sádico ritual que consiste en aventarlos al cielo y dejarlos pensar que igual no los cachas – “Danger is fun” – lección vital para que a la larga no les vaya  a gustar el vecino. 

Todas la madres son omniprescentes y funestas, nos dice, con una claridad envidiable. Es por eso que los padres deben estar presentes: para crear una complicidad en contra de ellas. Y pasa sin trámites a contarnos la tierna historia de cómo cuando su propia madre divagaba y decía nimiedades como si no hubiera mañana, él podia voltear con su padre y recibir una mirada de entendimiento que decía – “Sí hijo, estoy contigo, lo que oyes son puras pendejadas” .  Conclusión: El doc. está bien adaptado y le gustan las  viejas. O eso dice. Todo  porque a muy buen tiempo, se unió con su apá pa buralrse de ellas.

Cuando los niños no tienen complicidad con sus padres, dice (elocuente como él solo) buscan complicidad e intimidad con otros hombres. Y eventualmente se besan sus bocas y se tocan sus cuerpos y así.

El perverso doctorcito dice más cosas, pero todas redundantes. Y cierra su alucinación doctrinal (por lo menos en mi memoria) con una sentencia preventiva que me parece EL catchphrase del día  - “Fathers: hug your sons or other men will” – Dios no lo permita.

Y no lo permite en los estudios de caso que presenta otra doctora igual de perversa pero más pendeja en el salón de junto. Nos cuenta la historia de  Jesús, un puertoriqueño de buenas y sodomizantes intenciones, que  abandonó el mal camino cuando su tocallo el hijo de Dios nuestro señor ¡Jesucristo mismo! se le apareció. Aparentemente la divinidad encarnó con el sólo propósito de  decirle  que se casara con la pobre infeliz que hoy lo aguanta en un matrimonio que, estoy segura, no provee una erección entre sus sábanas ni con toda la voluntad de los dos jesuses invlucrados.  Y con decirles que Jesús es el caso menos interesante, les empiezo a explicar la mala obra de la que fui parte el funesto día tercero de un mayo.

 

Nocolosi, la eminencia original,  no vuelve a aportar mayor cosa de su propia inspiración.  Pero no teman:  nos deleita con sesiones enteras de su maravillosa terapia, poniendo una cámara sobre los hombres que lloran en su diván. Uno llora, de manera muy clara,  porque atesora  las preciosas nalgas masculinas que le pasan por enfrente en el baño del gimnasio. La voz de Nicolosi lo consuela diciéndole que no es su culpa. El asunto es que  su padre ausente nunca lo llevó al gimnasio a realizar actividades de Hombres. - Yo lo veo  sentado junto a mí,  viendo el balcón absoluto que le está recetando a sus pacientes, y me pregunto como por qué no estará en la cárcel el Dr. Nocolosi. 

Todos sus pacientes lloran, pero unos de forma más elocuente. El último llora como una caricatura mientras confiesa que está enamorado de su mamá y grita entre sollozos gatunos – “Father!! Where are you? Why weren´t you there? I needed you!” – el pobre hombre se limpia los mocos y el sadismo de su terapeuta se cofirma cuando lo oímos decirle, en el tono pervertido y sucio que lo caracteriza – “Thaaaats goood… Let that out…” - and so on.

 

Cerca del final del  evento otra psicoanalista nos explica cómo ha puesto en práctica una terapia cura-gays parecida a la del Dr. Nocolosi (nuestro clásico inolvidable).  Su terapia ha sido un éxito rotundo, nos dice la ñora.  Pero verán que miente:  cuenta del caso semi resuelto de un paciente suyo que se curó de sus desórdenes homosexuales y ahora está casado y tiene hijos. Todos suspiramos con alivio hasta que nos cuenta -  “Sin embargo hace poco tuvo una recaída y se involucró con un hombre. ¿Qué se puede hacer?” – pregunta la tarada – “¿Para que no vuelva a recaer?”.  - "¿Qué se puede hacer? Puede informársele que es usted una farsante y su matrimonio es la verdadera recaída" - digo yo. Ella se tropieza con su propio argumento y no nos ofrece ninguna respuesta. 

Momentos después el infeliz de Nocolosi vuelve a podium. Una pobre señora se levanta y le pregunta qué puede hacer ella para que su hijo vaya a su terapia y se alivie de su casi mortífera dolencia. Lo pregunta con tal ingenuidad que uno asume que su hijo tiene 14 años y se lo encontró viendo Titanic con un poco, demasiada, emoción. No. Su hijo salió del closet hace ocho años y vive con un hombre en Canadá. No hay nada que hacer. No importa cuántos días se siente su pobre madre a escuchar a una bola de loquitos que declaran lo contrario. Todavía dice, la desorientada mujer,  que su relación con su hijo se deterioró tantísimo cuando salió del closet (primero se equivoca y dice socket, lo cual le da la vuelta al ridículo de tal modo que uno empieza a tomarla en serio) Antes su hijo le contaba todo y era tan cariñoso…  Ahora es simplemente cordial. La pobrecita no parece ver la relación entre quererlo “curar” de quién es y que le haya perdido la confianza.

Después de dos días de oír esas y muchas otras aberraciones, he logrado tomarlo con filosofía y reírme de todo lo que escucho. Incluso cuando algo de lo que estos cabrones “médicos” declaran me parece de verdad peligroso y quiero enfurecer, algo más lo exagera y lo vuleve tan ridículo, que vuelven a caer de boca sobre su profundísimo humor involunario.  Me río mucho. 

Pero cuando un niño de no más de 17 años se para a decir que él está yendo a terapia con sus papás, porque quiere curarse, se me cae la burla al suelo. 

Pobre hombre.  

Quiero acercarme a decirle que está rodeado de locos y que él no puede "curarse" porque no tiene de qué. Quiero convencerlo de que el deseo de sus comisuras no merece angustia, sino avidez. Quiero exigirle que sea feliz y que se  haga de un  novio de manos grandes y maneras tan suaves como las suyas. Pero a mi alrededor todos lo tratan como que es admirable que esté tratando de volver al "camino del bien". 

Tiene razón mi mamá cuando dice que no sólo no hice un servicio social.  Hice un daño. 

martes, 23 de septiembre de 2008

Aplicación

Estoy aplicando a la maestría. Y tienen la desagradable exigencia de que hable de mis planes. Personal Statement, lo llaman. Como si pudiéramos declararnos en una hojita. Total. Aquí va. Se aceptan sugerencias, como siempre. 

Personal Statement

 

It sounds childish and self important to say that I find personal statements haunting. But I do. If you get them wrong they mock you for a long time; and if you get them right, at 24, you are necessarily uninteresting. Still, risking either catastrophe, here goes.

For all the time I spend thinking about it, I know very little with certainty about my future, but one thing I know for sure is that I want screen writing to be my profession. I have great faith in the possibilities of fiction and in film as the best medium to expand those possibilities. I want to be a part of that. Screen writing is the best of two worlds because it allows you to work alone while forcing you to be collaborative. I love the idea of witting something that is meant to come alive, not just in the imagination of an individual but in a film making effort, that involves the input of many people.

 I often hear it takes courage to write something down; it takes courage to put it out there for others to judge it and to make it their own. But I believe when it comes to wrtiting for the screen or stage, the opposite is true. It takes courage to mount a production effort based on a piece of writing. It is brave to put the amount of money, people, time and sheer effort that film making requires, into what one person typed up, generally hunchbacked and deluded. Filming a writer´s screenplay is giving him the ultimate vow of trust. Any amount of formidable things have come from that trust.

It is relatively easy for me to make a quick list of my goals as a writer: I want to live happily through the things I make up; I want my work to change the life (or at least the afternoon plans) of complete strangers; I want to make my excessively brilliant writer parents proud; I want to make fiction that betters our reality. I could go on, but my primary goal is always the same: I want to earn my right to that initial trust. I do not know enough to claim it yet. I´m not sure anyone does. But I can´t think of a better place than this writing program, to start learning it.