lunes, 8 de junio de 2009

Día de casorios

La semana pasada llegó el sábado blanco de las dos bodas.

Hubo que levantarse tempranón para alaciarse el pelo y ponerse crema en las piernas y esas cosas que uno hace cuando hay evento.

La prima se casó en Cuernavaca (o eso dijo, la neta se casó casi llegando a Acapulco, la reina, pero el lugar estaba tan coqueto que se olvidaba todo el rencor). Maldije un poco en el camino porque hacía tráfico y era tardísimo y mis papás parecen quinceañeras a la hora de salir hacia la carretera – “¡Cati! ¡Perdí mis zapatos adentro de mi cóset!”, “¡Geles! ¡No tengo camiseta para la camisa que me obligaste a ponerme! – etcétera. Llegamos maleducadísimamente pero como reyes a la mejor parte del show: los votos. Eso de que los novios se den anillos y se prometan cosas es padre. Y es padre ir a bodas en las que los novios se quieren mucho, pero mucho, mucho, como era el caso esta vez y como es el caso pocas veces (a todos los novios se les ve contentos en su boda, pero a muy pocos se les nota lo pendejamente enamorados, lo muertos de ganas de tocarse para siempre, lo redondamente encantados que están de conocerse) a la prima y al novio tipazo se les notaba. Tanto que una vez pasados los votos y entrando al full-on de la misa (que por mi desaventurada falta de fe no es mi fuerte) hasta me divirteron las múltiples menciones a la virgen, a Jesucristo-nuestro-señor y en general al hecho de que la unión se hacía en nombre de dios mismísimo. En realidad la unión era tan unida que se hacía en nombre de lo que a cada quien le daba la gana.

La prima era la novia perfecta porque tiene cara de niña chiquita sin serlo: metida en su vestido blanquísimo era la mezcla ideal entre una bebé vestida de princesa y una esposa propiamente esposada.

La boda: un éxito. Como niña de los ochentas que se respeta (y se asume) la prima bailó Bryan Adams en brazos de su recién adquirido marido y "Que sera, sera" en brazos de su recién abandonado padre. Yo empecé a llorar, como la cursi irredenta que soy, desde como la mitad del primer -baby you´re all that I want- que escupió el señor Adams. Para cuando sonó "New York, New York" y el hermano de la prima entró a la pista (primo también, entacuchado y divino) yo ya había perdido el estilo por completo y soltaba unas lágrimas gorditas y clavadas como casi todo en mí.

Después de eso la pista quedó oficialmente abierta y pasamos a la cumbia, al venao, al that´s the way aha aha, etc. Durante “pásame la botella” apareció en el escenario un monito con una botarga de Jaime Duende que se encargaba de empinarle una botella de tequila a quien se iba formando. El novio había encargado semejante amenity y la prima pasó cargando las gasas de su vestido y abriendo la boca para recibir su dosis - comprobaciones, ambas, de aquello de que son tipazos, como les digo y les digo. Desde el principio se rehúsaron a tomar en serio la intensa seriedad que viene con eventos que incluyen las palabras "para siempre". Ti-pa-zos.

La única queja que pude esgrimir frente a la perfección del evento es que no había pastel de bodas. Un life-changing event sin pastel ¿cómo de qué me hablan? Se ve que los novios no comparten mi tendencia irremediable a conectar los carbohidratos con la felicidad.

Hasta ahí el recuento de la boda uno.

En cuanto a la boda dos, sí traté de llegar pero que ni lo logro ni nada. Por qué sí pude tratar y por qué fracasé son dos historias largas y aburridas que les resumo así: traté porque mi papá hizo un berrinche que nos corrió temprano de la boda uno; y no llegué porque el departamento de obras públicas de la hermana república de Satélite me la aplicó como a los grandes.

Sólo pude hablar por teléfono con mi amigo Juanito ese día de su boda (boda dos). Le oí una voz ligera e incrédula que sólo se le pone a quienes están descubriendo la euforia en su estado más puro.

No creo que me hayan extrañado nada; ni la prima por salir temprano, ni Juanito por no llegar.

Los novios felices no extrañan a nadie que no sea el otro.

Debe ser una cosa padre, esa.

6 comentarios:

Dr. Mille Miglia dijo...

Una boda sin pastelito marinela, mmm, no, no, no.

Un saludo.

Little Blonde dijo...

Bebe!!
Tienes toda la razón, eso de los casorios ha de ser padre, qué bonito que tu prima estaba tan felíz, ojala que Juanito también lo haya estado.
Perdón por no haber podido ir pero el metal llamó jaja.

Marian@ dijo...

Please cuando me case quiero que tú escribas la crónica del evento.

Love u

Pat dijo...

Hay caray, hasta ganas me dieron de casarme, pero algo me dice que me van a dejar plantado en el altar =( jajaja

Ana Lucía dijo...

Prima!! Te estamos leyendo desde Cancún, ý nos encantó la reseña de la boda. Claro que te extrañamos, es más, si te hubieras quedado más tiempo, por ti hubiéramos sacado aunque fuera un pingüino marinela.

Un beso, los vuelos LAX-CUN están baratísimos!
Te quieren tus primos, la de carita de algodón y el tipazo.
(Eso último lo puso Iñaki)

Gabriela Zayas dijo...

Para recordarnos lo absurdo que es prometer amar para siempre a lo que amamos en el presente fugaz, te recomiendo Jude el oscuro, de Thomas Hardy, en la edición de Alba.
Por lo demás, felicidades a los novios.